Informe especial

La cultura incompleta

Por Cristina Arboleda P. e Isabel González R.

La desigualdad parece una historia del pasado, pero no lo es. La escritora Gabriela Alemán reconstruye en una de sus columnas para la revista Arcadia la presentación de una colección de autores ecuatorianos. Ella levanta la mano y pregunta por qué no hay una sola mujer. “Una escritora, digamos”. La sala enmudece hasta que un colega le responde: “En realidad, no hay buenas escritoras. Por eso no están”.

Todavía siguen organizándose exposiciones de arte, encuentros de literatura y premios científicos en los que la participación de las mujeres es nula o equivale a una cuota. Recientemente, la escritora Gabriela Wiener, declinó la invitación al coloquio Tendencias contemporáneas de la literatura peruana, en Madrid. Wiener se había prometido “no seguir funcionando como la cuota para librar a otrxs de salir jalados en igualdad”.

De hecho, 42 escritoras colombianas firmaron un manifiesto en reclamo al Ministerio de Cultura por la nula representación de las mujeres en un evento literario que se realizará el 15 de noviembre de 2017 en París. Cuestionaron cómo se realizó la convocatoria y cuáles fueron los criterios para seleccionar a la delegación, conformada por 10 hombres, que representará a la literatura colombiana.

La idea de que no existen escritoras, artistas o científicas permanece en un mundo inventado y contado por hombres. Si bien las mujeres ya no se dedican exclusivamente a la crianza de los hijos y las tareas del hogar, ni son las musas que posan desnudas mientras los hombres crean teorías, pintan lienzos o piensan; todavía son minoría en el catálogo de las ideas.

Por eso, lo que sabemos lo hemos aprendido de ellos. “Todos somos prisioneros de las percepciones y sensaciones masculinas”, escribe la nobel Svetlana Alexiévich. Habla de la guerra, pero aplica también para el arte, la ciencia y la literatura.

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La foto de Solvay

La aparición de las mujeres en la ciencia y la cultura es reciente. Los Premios Nobel han galardonado a 883 hombres y 49 mujeres desde 1901 hasta 2017. Este año todos los premios fueron para ellos.

La científica franco-polaca Marie Curie fue la primera mujer en recibir este reconocimiento y la única en ganar dos Premios Nobel: el de Física en 1903 y el de Química en 1911. Curie se abrió paso en un mundo no apto para mujeres. En la fotografía de la quinta conferencia de Solvay, tal vez la más famosa de la historia de la ciencia, ella aparece rodeada de 28 científicos de traje y corbata.


Marie Curie y los asistentes a la quinta Conferencia de Solvay, 1927.

El retrato es de 1927 pero aún hoy el reconocimiento científico depende del género. “Hay un sesgo en la apreciación del conocimiento producido por mujeres en áreas dominadas por los hombres”. Lo dice Brigitte Baptiste, bióloga colombiana, experta en biodiversidad y directora del Instituto de Investigación Alexander von Humboldt. Para ella, el mayor logro profesional es existir como científica transgénero. Brigitte sabe que las cosas serían distintas si se hubiera transformado antes de que Luis Guillermo, su anterior identidad, fuera un renombrado científico.

Brigitte usó pantalones hasta los 35 años. Ahora prefiere las faldas. Pero ni los pantalones ni las faldas determinan el talento, a pesar de que algunas teorías han impuesto la idea de que las mujeres son inferiores intelectualmente. Charles Darwin, por ejemplo, defendió la diferencia mental entre los dos sexos y el sometimiento del sexo 'débil' al fuerte.

Las teorías, según Brigitte, han servido para reafirmar el dominio masculino y reforzar el mito de que la racionalidad es propia de los hombres y la sensibilidad es natural a las mujeres. En consecuencia, desvirtuada su capacidad análitica y de construir teoría, quienes escapan a la categoría de lo masculino, siguen siendo minoría en la ciencia, como en la foto de Solvay.

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Un retrato de la desigualdad

Las mujeres artistas tienen “ventajas”: trabajar sin la presión del éxito, saber que su carrera profesional mejorará a partir de los 80 años o no pasar por el bochorno de que las llamen genios. Estas frases ironizan sobre la discriminación y hacen parte de una de las obras de las Guerrilla Girls con las que participaron en la exposición La intimidad es política, junto a 16 artistas en el Centro Cultural Metropolitano (MET) de Quito.

En una de las visitas guiadas, Pilar Estrada, directora del MET, se detiene frente a la obra que las hizo famosas. En la reinterpretación de “La gran odalisca” se ve a una mujer retozando incómodamente, sin ropa y con máscara de gorila. Estrada lee el texto que acompaña la imagen: “¿Tienen que estar desnudas las mujeres para entrar en el MET?” y explica que, desde 1985, las Guerrilla Girls demuestran la exclusión en la cultura con métodos publicitarios y estadísticas reales.

Para la exposición en Ecuador, el colectivo de activistas estadounidenses creó un cartel que da cuenta de la situación en este país: 21% de artistas en la colección Alberto Mena Caamaño son mujeres; mientras que en la Bienal de Cuenca, que se realiza desde hace 30 años, la cifra es de 26%.

Estas estadísticas se pueden comparar con las de los principales museos de arte contemporáneo y moderno de Perú y Colombia. Entre 2013 y 2017, en 11 de 54 muestras individuales o colectivas del MAC de Lima participaron mujeres; mientras que en el MAMBO de Bogotá solo una de 35 exposiciones fue de una mujer.

Sin embargo, estos datos son ignorados. De ahí la importancia de La intimidad es política, que por su calidad podría estar en cualquier museo del mundo. La directora del MET cree que la función del arte no es educar, aunque puede enseñar mucho. Por eso, ha apostado por fortalecer el área pedagógica y guió personalmente algunas de las visitas a la muestra.

A los 19 años, Estrada comenzó a trabajar en el Museo Antropológico y de Arte Contemporáneo (MAAC), de Guayaquil. Allí, organizando las carpetas de 280 artistas, se dio cuenta de que las mujeres en Ecuador, como en el arte de todo el mundo, aparecen a partir del siglo XX. Y luego, comprendió que la historia del arte es también la del poder y el contrapoder: “Que no haya mujeres ‘destacadas’ no quiere decir que no existan”, sostiene la curadora.


Araceli Gilbert con amigos artistas, 1982. Foto: Archivo Blomberg.​

Una de las grandes desconocidas es Araceli Gilbert, quien al igual que la científica Marie Curie, es la única mujer en la fotografía del arte ecuatoriano de la época. Estrada, quien también es historiadora de arte, cuenta que cuando las artistas eran básicamente madres que además pintaban o esculpían, Gilbert fue la excepción: vivió y viajó sola. Era una mujer independiente, que no se dejaba aplastar por ninguna estructura social, que se alejó de la pintura figurativa y del indigenismo para fundar el arte abstracto en Ecuador. Sin embargo, “su nombre nunca sonará a la par de Guayasamín”.

Si en la ciencia las teorías de Darwin han justificado la exclusión de las mujeres; en el arte, palabras como las de Pierre Renoir también marcaron jerarquías: “La mujer artista es sencillamente ridícula”. Casi cien años después de la muerte del impresionista francés, la historia del arte sigue mutilada. Los hombres aún deciden quiénes son sus protagonistas.

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Las letras olvidadas

En los libros que Gabriela Alemán leía en la escuela, los personajes femeninos eran sombras del protagonista, telones de fondo, parte del paisaje. Su respuesta -inconsciente en un inicio- a esas primeras lecturas fue Maldito Corazón (1996), una serie de cuentos en los que reinventa los monstruos de la tradición gótica: Frankenstein, hombres lobos y vampiros son mujeres. En adelante, los personajes femeninos dan sentido al universo narrativo de sus obras literarias.

Como en los textos escolares, “las voces femeninas son casi nulas en el canon literario”, dice la ganadora de la Beca Guggenheim. Alemán explica que la Casa de la Cultura, presidida siempre por hombres, ha sido determinante en el canon ecuatoriano. Ella cree que no ha habido una intención deliberada de borrar a las escritoras, aunque el desinterés de quienes hacen antologías y crítica literaria, así como la falta de recursos económicos para financiar sus publicaciones, las han dejado por fuera.

Históricamente, las mujeres han hecho malabares para publicar. Incluso han fingido ser hombres. Mary Ann Evans se escondió tras el nombre de su amante, George Elliot; George Sand era en realidad Aurore Dupin y detrás de Fernán Caballero estaba Cecilia Böhl de Faber. Hasta la autora de Harry Potter ocultó su género bajo el nombre de J.K. Rowling por sugerencia de la editorial.

Otra forma de borrar a las mujeres ha sido valorarlas por sus relaciones con los hombres, como le ocurrió a Elena Garro, una de las excluidas del boom latinoamericano. En 2016, la editorial Drácena promocionó la reedición de uno de sus libros enfatizando en que había sido esposa de Octavio Paz, amante de Adolfo Bioy Casares, inspiradora de García Márquez y admirada por Borges.


​Gabriela Wiener, Vargas Llosa y otros escritores peruanos. Foto: Facebook de Wiener.

Las escritoras latinoamericanas son un invento nuevo. La peruana Gabriela Wiener posteó en su página de Facebook una fotografía en la que sonríe al lado de Vargas Llosa y otros colegas peruanos. “Yo esta foto la consideré un triunfo, como si hubiera entrado por fin al club exclusivo de los escritores de mi país después de tanto no existir”, escribió.

El desencanto llegó en 2014 cuando Wiener vio su rostro en una de las gigantografías del stand de Perú en la Feria del Libro de Bogotá. Estaba entre los grandes. Todos hombres. Pero esta vez pensó que no debía ser la única de la foto. Faltaban sus antecesoras y contemporáneas. Entonces, se dio cuenta de que la historia era injusta, desigual y “jodidamente falsa”.

Ahora Wiener se niega a participar en eventos que “mantienen en el centro a los de siempre y a otras identidades en los márgenes”. Gabriela Alemán tampoco busca un lugar en el canon. Las dos son rupturistas y están construyendo uno nuevo con libros inclasificables, desestimados, perdidos. A través de la editorial El fakir, la ecuatoriana se ha propuesto revivir a autoras olvidadas y reeditará a Laura Pérez Oleas, quien escribió la primera novela sobre el aborto en Ecuador, a mediados del siglo pasado.

Las dos Gabrielas se resisten a vivir en un mundo narrado solo por hombres.

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La historia fuera de cuadro

Marie Curie, Araceli Gilbert y Gabriela Wiener quedaron registradas como las únicas mujeres de la foto. Pero fuera de cuadro estaban otras científicas, artistas y escritoras. Existían y existen, aunque sus rostros no figuran en antologías, periódicos o encuentros académicos, porque también para ser memorables las mujeres están en desventaja.

La presencia dispar de las mujeres en la ciencia, el arte y la literatura revela que la igualdad sigue siendo un deseo apremiante. Según Naciones Unidas, casi todos los países han conseguido la paridad de género en la educación primaria, pero no en la secundaria ni en la universidad. La Organización Internacional del Trabajo también advierte que las mujeres tendrán que esperar hasta 2087 para ganar el mismo salario que los hombres.

Para existir, para estar en la foto, las mujeres siguen sorteando brechas cada día. Además, la etapa de mayor productividad intelectual y profesional coincide con la edad en la que ellas dedican gran parte del tiempo a sus hijos. Como si fuera poco, les toca lidiar con los prejuicios basados en las teorías de grandes pensadores como Aristóteles, Darwin o Nietzsche que han justificado el dominio masculino en todos los ámbitos e incluso la violencia contra quienes consideran inferiores.

Estas nociones que se aprenden en la escuela y se refuerzan con libros, obras de arte, cine, música y demás producciones culturales se combaten con creaciones que escapan de la lógica comercial. Gabriela Alemán sostiene que la buena literatura, sin importar el género de quien escribe, intenta hacerlo. “No todas las autoras son revolucionarias”, aclara, pues, best sellers, como las novelas de Corín Tellado, reproducen estereotipos e ideas limitantes.

Mientras quienes escapan de la categoría de lo masculino sean excepciones en las fotos y panorámicas de la ciencia, el arte y la literatura, la visión del mundo seguirá incompleta.

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Historia

Aprender sin miedo

Por Cristina Arboleda P. e Isabel González R.

El grupo “Con mis hijos no te metas” se ha movilizado en la región para rechazar la inclusión del enfoque de género en el currículos. ¿Pueden los prejuicios proteger a lxs estudiantes?

Los padres de Lucía* recorrieron 14 colegios en Quito hasta encontrar un cupo para su hija trans de seis años. A ella, la transfobia casi le impide ingresar al sistema educativo. En cambio a Sergio Urrego, el décimo mejor bachiller de Colombia, la persecución de las directivas del Gimnasio Castillo Campestre por ser gay lo llevaron al suicidio unos meses antes de graduarse.

El miedo es el origen de todas las fobias, también de la homofobia -rechazo a las personas homosexuales- y de la transfobia -repudio a quienes su identidad de género no corresponde con el sexo que se les asignó al nacer. Es fácil aprender a señalar la diferencia cuando la discriminación hace parte de las reglas y los contenidos escolares.

Según la Red Iberoamericana de Educación LGBTI, siete de cada 10 estudiantes con orientación, identidad o expresión de género diversa se sienten insegurxs** en los centros educativos de Colombia y Perú. En Ecuador, 25% ha sufrido exclusión de actividades escolares por su orientación sexual.

Esto sucede porque la escuela refuerza la idea de que el mundo está dividido entre lo masculino y lo femenino. Quienes desequilibran este orden quedan fuera de juego, se vuelven invisibles y existen solo para las burlas, los insultos o los golpes.

Quitarse la vida es concretar esa sensación de no existir. En Perú, cuatro adolescentes intentaron suicidarse en el colegio Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús. Una de ellas dijo que eran acosadas y tildadas de lesbianas, incluso por sus profesoras..El informe Out In The Open de la Unesco sugiere que lxs estudiantes LGBTI tienen entre dos y cinco más probabilidades de pensar en el suicidio.

La violencia no discrimina

El cabello negro y brillante ya alcanza los hombros. A los seis años, cortarlo le provocaba tanta tristeza como no usar vestido para ir a estudiar. Siempre se sintió una niña. En las vacaciones de 2016 sus padres le permitieron dejarse crecer el pelo, escoger un nuevo nombre y buscaron otra escuela para ella en Quito. Ahora se llama Lucía, aunque en su cédula dice “Juan”.

Antes de la transición, Lucía dijo que quería morirse. Se estaba apagando. En cambio, desde que ingresó al único lugar que aceptó educarla y respetar su identidad como niña trans, creció 14 centímetros, subió de peso y reguló el sueño.

Ir a la escuela no garantiza el derecho a la educación. Hace falta que lxs niñxs aprendan sin miedo a ser señaladxs. Lucía entra al baño de las niñas y solo quien entrega las calificaciones al Ministerio de Educación conoce el nombre legal. Con su tránsito, quedaron atrás los comentarios ofensivos de sus excompañeros y ella mejoró las notas.

Si bien no existen cifras oficiales sobre la discriminación contra estudiantes de identidad diversa en Ecuador; Pablo Ormaza, director nacional de Educación para la Democracia y el Buen Vivir, dice que el Ministerio de Educación (Mineduc) ha recibido seis denuncias por homofobia y transfobia a nivel nacional.

Ormaza agrega que el Mineduc está difundiendo un protocolo para atender este tipo de violencia. Aún así, en este país se conocen casos de estudiantes forzadas a usar peluca para esconder el cabello corto y niñas trans a quienes les obligan a comportarse como hombres. Además, los padres de Lucía siguen a la espera de que se tomen medidas frente a las instituciones educativas que discriminaron a su hija.

En las escuelas, como en la sociedad, la violencia es una forma de expresar la masculinidad: “No solo es estar interesado en las chicas sino atacar la homosexualidad. Ser heterosexual no es el punto sino parecerlo”, explica Samuel Escobar, abogado penalista de Colombia Diversa.

Los gobiernos tienen el reto de lograr que el respeto a la diversidad no dependa del criterio de profesores y autoridades para ser la norma.

Un currículo para todxs

El género se construye de forma permanente, también a través de lo que ocurre y se enseña tanto en el aula de clases como en el patio de juegos. Por eso, el enfoque de género busca eliminar del currículo los estereotipos, la idea de que existen acciones “propias de hombres” y acciones “propias de mujeres”.

Los padres de Lucía están decididos a romper el prejuicio de que las personas trans solo se dedican al trabajo sexual y la peluquería. En la región hay muchas Lucías, pero no todas las escuelas aceptan educarlas respetando su identidad ni tienen un currículo que fomente la igualdad.

En Colombia, Ecuador y Perú, el enfoque de género es un eje transversal de los currículos y los contenidos deben ser una oportunidad para abordarlo. Sin embargo, para enseñar que todas las personas son iguales, se necesita creer en la igualdad: “No es cuestión de tematizar con lxs alumnxs, hay que empezar por reflexionar con lxs docentes sobre su construcción del género y la sexualidad”, advierte el investigador colombiano Iván García. Él considera que la transversalización de este enfoque es débil en Latinoamérica.

Para hablar de género no basta con incluir más mujeres en los libros. La asesora en educación para la igualdad, Débora Solís, explica que los Estados no han asignado recursos económicos para capacitar a lxs docentes, desarrollar herramientas pedagógicas y evaluar la implementación. García opina que la transversalización es ideal, pero la mayoría de profesores todavía no cuestionan sus prejuicios ni aceptan la diversidad, y al final, está en sus manos aplicar o no el enfoque.

El investigador también afirma que hace falta un mensaje político claro para que el enfoque de género se ponga en práctica y se reconozca que las personas con identidad diversa, como Lucía, tienen los mismos derechos y el mismo potencial para aprender. Además, este enfoque representa una oportunidad para visibilizar otras diversidades como la discapacidad, la nacionalidad o la etnia y evitar su discriminación.

La igualdad provoca miedo. En toda la región se han organizado marchas y movimientos como “Con mis hijos no te metas”, liderados por grupos cristianos que distorsionan el enfoque de género para evitar que se convierta en política pública.

Por ejemplo, 94% de los peruanos está de acuerdo con que se promueva la igualdad de género, aún así un colectivo conservador logró que la Corte Superior de Lima anule parcialmente el enfoque en el currículo aprobado a inicios de 2017. Ahora la Corte Suprema tiene que resolver si ratifica o revoca la decisión.

Los grupos ultraconservadores se oponen al reconocimiento de ciertos derechos civiles. Hablan en nombre de lxs niñxs, aunque no se manifiestan frente a la violencia sexual que les afecta. Defienden sus prejuicios de adultos: dicen que “la ideología de género” promueve la homosexualidad y destruye la familia. Pero la “ideología de género” es su invento para desacreditar la búsqueda de la igualdad.

“No nos derrumbamos por tener una hija trans”, dice la mamá de Lucía. En la refrigeradora cuelga la única foto de su hija cuando era niño. A veces los padres la miran con nostalgia. En la mañana, ellos salen al trabajo, mientras Lucía y su hermano van a la escuela. Al final del día comparten la mesa como cualquier familia. “Somos tan convencionales que parecemos aburridos”, bromean durante la cena. La diferencia es que muestran con orgullo la bandera rosa, blanca y celeste de la comunidad trans.

Cuando la discriminación es regla

Los manuales de convivencia establecen sanciones y buscan la armonía al interior de los centros educativos. Pero cuando no garantizan los derechos constitucionales convierten la diversidad en motivo de castigo, como le sucedió al estudiante Sergio Urrego, quien se lanzó de la terraza de un centro comercial de Bogotá, en 2014.

Sergio y su novio se dieron un beso, breve e inocente, en el aula de clases. Este acto desató la persecución de las directivas del Gimnasio Castillo Campestre. El abogado Samuel Escobar aclara que Sergio fue discriminado por la rectora, la psicóloga y la veedora del plantel educativo. Escobar toma aire para enumerar las acciones en contra del estudiante de 16 años.

A lxs adolescentes les exigieron revelar su orientación sexual, les pidieron una evaluación psicológica y les obligaron a terminar su relación. La rectora forzó a que los padres del novio de Sergio lo denunciaran por acoso sexual, aunque sabía que la relación era consensuada. A Sergio le impidieron volver al colegio, tres meses antes de graduarse. Como si fuera poco, la rectora denunció por abandono de hogar a Alba Reyes, mamá de Sergio. El Instituto de Bienestar Familiar concluyó que la única violencia provenía de quienes dirigían el colegio.

Cuando los prejuicios frente a la diversidad se convierten en reglas, la discriminación se institucionaliza. Para acosar a Sergio se citó el manual de convivencia. Lo mismo ocurrió en 2016 con cuatro estudiantes de 15 años que tomaron una sobredosis de pastillas en un centro educativo de Arequipa, luego de sufrir bullying homofóbico. Después del intento de suicidio, el colegio pretendió expulsarlas apelando al reglamento.

Para Escobar, también profesor de criminología, el suicidio es una consecuencia recurrente de la discriminación por orientación sexual. En los últimos tres años, él ha defendido a la familia de Sergio en tres procesos: el penal, contra la rectora, la veedora y la psicóloga del colegio; el administrativo, por el cual la Secretaría de Educación sancionó al plantel por no aplicar la ruta establecida para estos casos; y el constitucional, en el que se logró la primera condena por el delito de discriminación por razón de la orientación sexual en Colombia.

La sentencia T-478 de la Corte Constitucional ordenó realizar al Gimnasio Castillo Campestre un acto para reparar el buen nombre de Sergio, una ceremonia de grado póstumo, poner una placa conmemorativa y ofrecer disculpas públicas. Al Ministerio de Educación le obligó revisar todos los manuales de convivencia para verificar que no promuevan la discriminación.

El proceso quedó inconcluso. El movimiento antiderechos divulgó información falsa sobre los materiales que diseñó el Ministerio de Educación colombiano para que lxs docentes aprendieran a manejar situaciones de diversidad sexual. En entrevista con La Silla Vacía, Reyes dijo que tres años después de la muerte de su hijo solo se ha revisado 28% de manuales de convivencia.

Lo que el odio destruye solo se recupera con amor. Eso lo saben los padres de Lucía, quienes crearon la Fundación Amor y Fortaleza. También la mamá de Sergio, quien fundó una organización social que lleva el nombre de su hijo. Para ellos ha sido la manera de conjurar el dolor y convertirlo en el motor de la lucha por la eliminación de la transfobia y la homofobia en los entornos educativos.

Discriminar es un delito

El 2 de octubre de 2017, Ivonne Cheque, expsicóloga del Gimnasio Castillo Campestre fue condenada a 35 meses de prisión y al pago de 8,49 salarios mínimos. Esta es la segunda condena penal por discriminación en razón de la orientación sexual, tipificada como delito desde 2011 en Colombia. En el proceso de Sergio Urrego, las directivas del colegio son investigadas por discriminación agravada, falsa denuncia en contra de persona determinada y ocultamiento, alteración o destrucción de elemento material probatorio.

Pese a que discriminar es un delito, pocos casos reciben atención de los ministerios de educación y muchos menos se judicializan. En Ecuador, el Código Orgánico Integral Penal establece una condena de uno a tres años de prisión. El Código Penal Peruano lo castiga con cárcel de dos a tres años o con 60 a 120 jornadas de servicio comunitario.

El suicidio es la consecuencia extrema de este delito, que no solo afecta a gays, lesbianas, bisexuales, transgénero o intersexuales. Los estudios de clima escolar indican que el número de víctimas de bullying homofóbico sobrepasa el número de alumnxs que se identifican como LGBTI. Temer a la igualdad tiene consecuencias que afectan a todxs.

Poner cualquier creencia por encima de los derechos, no protege sino que fomenta la discriminación en las escuelas. Irina Bokova, directora de la Unesco, advirtió que ningún país alcanzará la meta de brindar educación incluyente y de calidad mientras lxs estudiantes sean violentados por su orientación sexual o identidad de género.

Por eso, la educación debe dejar de ser un terreno de disputa.

* Nombre protegido.

* Usamos la ‘x’ como una forma de incluir a quienes no se identifican ni como hombres ni como mujeres. Como dice Gabriel García Márquez: “La x se abre de brazos en perfecto equilibrio amoroso y espera su turno que es, casi siempre, el más importante”.

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INFOGRAFÍA

Números de la desigualdad en el arte

Las mujeres aún son las grandes ausentes de la historia de las ideas y del arte. Y, si la desigualdad en la participación de las artistas es un tema que pasa por alto, también las cifras que dan cuenta de la brecha son prácticamente inexistentes en los museos y ministerios de cultura de Colombia, Ecuador y Perú. Los datos que se presentan de los principales museos de arte moderno y contemporáneo de los tres países evidencian que el arte sigue siendo mayoritariamente masculino.

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CIFRAS

Cine y Literatura en Ecuador

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Coordinación general: Gabrielle Esteban / Coordinación editorial: Isabel González R. / Periodistas: Cristina Arboleda - Isabel González R. Portada: Marcela Ribadeneira / Viñeta: Mariquismo Juvenil / Edición de vídeo: Gabrielle Esteban / Producción digital: Jorge Montoya y Jon Montoya.